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viernes, 3 de julio de 2009

Vallenato.

Sabe a mi infancia y a este amor por una mujer que me quiere y también NO, porque hay de esas veces en las que uno quiere y NO lo quieren... Sabe a mi infancia y ahora me quiere, bella mujer, adolescente mayor que yo, historia de meses y escritos de madrugada. Es nostalgia este vallenato triste, es nostalgia y amor-infancia-tristeza que va como rocio mañanero por mis rendijas.

Pero, ah! vallenato triste —que yo sé— que un día acompañarás mis lágrimas de enamorado sin amor y ahora NO, me quiere; acordeón gastado —que yo sé — que un día te veré desdoblándote y las notas-lágrimas se nos mezclarán, ya nuestras. No sé, acordeón, si tratarte, pues tú puedes un día rasgarte cuando te desdobles ferozmente y muestres tus entrañas; puedes —te digo— abrirte y luego no ser el mismo. Yo sé que acompañarás los malos tragos que me tome por cualquier mujer, bendito amor, fluirás con mi triste figura por calles húmedas en la madrugada camino a la casa de un amigo buscando más y más consuelo.

Vallenato, música de pobres y e este ahora que yo lo siento-escucho no mío, lo siento: alivia mis ganas de ella y de joderme más. De llorar más como un vallenato.

jueves, 20 de marzo de 2008

Deliciosa madurez.

!Sí, por fin¡ Hoy la vi, vi la pintura negra de sus hojos, su vestido negro de funcionaria... la vi entera en el ascensor; después de casi dos semanas sin verla. Le dije un "hola" tímido, casi inaudible y hasta vergonzoso, ella respondió, como siempre, con una sonrisa y un "qué tal" cariñoso, además del inevitable roce de su culo. Creo que lo debe notar, notará que soy un salido mental y que me masturbo pensando en ella, aun así la sonrisa de su cara no se deshace para mí.
Hoy, no sé cómo pero... es risible... me acerqué a ella y, sin saber cómo, (me da vergüenza decirlo) le pedí una noche para enamorarla, cerré los ojos esperando la respuesta, de repente sentí sus labios en los míos, luego deshicimos el camino y me vi en la puerta de su casa.
Después sucedió, la escuché, me arrancó la inocencia que no me sobra y la ropa, me sentí dévil, sentí sus piernas de mujer madura, su cintura ancha, sus pechos gigantes y su sexo libre. !LA SENTÍ ENTERA¡
Más tarde, en el sofa de su casa, sentado los dos, nos prometimos silencio. "No se lo digas a nadie", me riñó. Yo, aun loco, no repliqué. Parecía molesta, recorría sin parar su piso, pensé que me tentaba con su andar de mujer primitiva, desnuda, sencilla, despeinada, sin maquillaje y con sus labios carnosos dibujando palabras de odio en el aire, pero no, realmente estaba molesta. Decidí irme, me vestí, ella me despidió desnuda en su puerta, ahora sonreía, antes de cerrar la puerta me agarró con fuerza y volvió a besarme.
Lo último que escuchamos fue...
-Cuántos años tienes.
-Hoy cumplo 16.