sábado, 3 de noviembre de 2007

Camino, no paro en ningún sitio.

El frío de la noche empieza a congelarme
decido ir a mi calle,
un callejón sin salida,
una recta de mala vida.

Tarareo el último éxito que suena en su radio,
camino, pienso en los pasos que estoy restando.
La guitarra cuelga en mi espalda,
la melodía de esta canción llena el pentagrama.
Un cigarrillo quema el índice y el pulgar,
el descuido de mi mano izquierda.

Camino. Es una noche de otoño.
Las penas se hacen mas fuertes con la soledad.
El calor de mujer se olvido de mí.
Me jode, me jode... pero no lloro.

La felicidad no para en esta estación.
Y no me queda más que pasear mi guitarra
por los antros de esta ciudad,
ganarme unos euros para mal vivir en esta pensión.
Decirle a la vida que hoy no tengo ganas.

Camino, llego a un bar; el público grita.
En el escenario, mi chica canta su canción.
El cantante y su guitarra se han ido.
El escenario queda vacío, el público grita.

sábado, 27 de octubre de 2007

No, no lo admito.

El hombre se fue, pidió perdon; no, no lo hizo. Se marchó si decir adiós. Le habían robado el corazón y no lo quería admitir. No era su estilo. Simplemente tomó su maleta llena de roces prohibidos.
Machala fue la ciudad, "La Cuca" el pueblo y su imaginacion el campo de batalla. Ella rechazó a tantos, pero con él hablaba. Le confió su virginidad. Inútil: hablar, soñar con él... no se daría cuenta del amor que envolvía a esos roces y confidencias.

Tres años, una diferencia que no asesina a ninguno de los dos.
9 horas de avión, una distancia que no supondría un problema si el dijese que sí.
Incomunicación, no, si él siguiese escribiendo para ella.

(Recomendación: alguien aclare a ese loco que su razón está en vivir con ella.)
Y ahora es cuando él se arepiente de haber venido, de no haber dicho: "Prefiero quedarme acá". Hace tiempo de eso...Hace años de eso...

El primer año, él compartió con ella lo ireal de su vida sexual. No supo que decir, era virgen y aun lo sigue siendo. Pero de labios, no. De labios no.

De qué vale esta soledad que sufre él, si cualquier día de estos días se cansará y tomará el primer avion, cargará su guitarra y se deshará de sus penas. Llegará limpio a esa urbanización que comparten ricos y medio-ricos. Pero eso sí, no tendrá plata, solo unos estudios que lo descartan de cualquier trabajo honesto para él.

¿Ella? Puede que se acostumbre a la falta de confianza, a no saber qué hacer los domingos por la tarde cuando el pueblo se nuble y el polvo entre a las casas. Y escape a su rincón de amor, donde lo recuerda en bañador, en ese gimnasio privado donde él le quitó el bikini y la deshizo con sus besos. Pero no vió sus pechos. No lo lamenta, para el sexo hay una vida entera y muchos errores por reconocer. ¡Aun es virgen! ¡Aun es virgen!

Y un día de Agosto se vieron buscando en sus manos.

jueves, 18 de octubre de 2007

Cartas de un viajero.

La calle me hizo persona; el frío que acompañó a mis sueños me acostumbró a la interperie. La soledad de los gatos negros y el lenguaje del viento con las hojas me acompañaron. Dejé en lagos y ríos unas huellas asquerosas. El silencio del día y el entusiasmo de la noche emparentaba con el carácter de mi pluma. Dejé mi destino en las manos del diablo, el me ha traído hasta aquí. Ahora los buenos recuerdos me amortajan. Y esta pena no se borra con alcohol ni se la lleva el olvido.

Ligero equipaje el que llevé, papel, boli y una guitarra que he de aprender a tocar. En el viaje varias mujeres me dejaron con pantalos, sin calzoncillos en la puerta de sus casa. Había que huir, sus amados llegaban. Nunca me cansaré de recordar esos episodios medio cómicos y peligros.

Me alimentó la naturaleza. Varios mangos después de estudiar el mar. El hueco que llenaron esos sucesos está tirando nostaligía y melancolía, sobre todo nostalgia.
Me entretuvo el juego que tuve con el mal.

Adios, adios...¡¡¡