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domingo, 12 de septiembre de 2010

Estoy en Ecuador y la vida es muy distinta.

Estoy en Ecuador y la vida es muy distinta. Hay pocas cosas que me recuerden a España. La urbanización donde vivo, tan plástica. Las chicas sonriéndome porque hablo raro. Las mañanas y algunas tardes, cuando solo se ven empleadas domésticas jugando con niños pequeños.  Niñeras de Ciudad Verde Urbanización, que me respondieron el primer día a mil preguntas, protegidas por las puertas metálicas de las villas (chalets). Así de plástico. Otra suceso más, es la presencia de peruanos que han inmigrado y trabajan aquí. Lo demás, es este país en estado puro. Su pobreza e injustia. Excesivas. Los niños trabajando. Madres jóvenes que crían a sus hijo solas. Adolescentes que dejan sus estudios y trabajan en cualquier sitio. Minusválidos pidiendo limosna en la calle. Hijos que piden para sus padres moribundos. Gente necesitada, al fin, que intenta ganarle a la vida algo de presente y quizás futuro. Porque la vida es tan jodida e injusta en este cacho de Sudamérica. Muy injusta. Pero también río un poco. Veo a mi familia, me siento menos solo, me siento querido. Porque me apellido Rey y en Arenillas (mi pueblo) me reconocen. Y también porque no conozco mi país y hay infinidad de sitios que quiero visitar. La Amazonía, la Sierra y la Costa. Todo Ecuador, y si puedo y me atrevo, Sudamérica entera. La del Che y la del próximo mundial de fútbol. La antigua y la nueva. Así que intentaré aparcar la tristeze y la añoranza y la nostalgia. Y trabajaré y estudiaré y escribiré desde aquí.

sábado, 26 de enero de 2008

Ensayo

Por fin. Durante diez años mi alma se perdió por los caminos empolvados de la perdición y el desahogo- eso pienso mientras bajo del CIFA*.

Veo al mendigo de la esquina estirando la mano y caminando con las rodillas apoyadas en el suelo. Como lo ha de hacer siempre. Camina hasta la otra esquina donde su amigo Valdé, vende periódicos; al llegar, le pregunta, como todos los días, el número premiado. Saca de su bolsillo el boleto, tantea los números, sabe cuales son. El sol hace brillar los números y oscurece la sonrisa del niño que aparece en el papel. Valdé canta el número, no es el mismo. El mendigo vuelve arrastrando sus rodillas a su esquina. Extiende la mano y espera...

Pienso en todo eso y no paro en mi pueblo.



*Autobús.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Nostalgia.

Cuando éramos el bien y el mal y ni la disciplina del exterior desplazaba a la del profesor. Teníamos 10, 11... años; perdíamos en todas las apuestas de la vida, pero ganábamos experiencia.
Ahí estaba Ribas vendiéndonos los "tangos" y los chupetes, y fiándolos, por supuesto. De dónde iba a sacar la plata para sus lujos si no. A su lado, como no, los que queríamos que nos fie otro día, sin pagar lo anterior; menos mal que él sabía que nosotros no le engañábamos, éramos pobres...
Salazar, José, Jorge... estos,yo y más, siempre amarrados a esa pelota de trapo que no botaba en el encementado del patio de esa escuela bendita donde me enseñaron todo lo que nunca aprenderé. Cosas sobre la vida...

Y claro, no podía faltar Campuzano, el presidente de la clase, aunque yo lo desbancara, él podía beberse una cocacola y comer un arroz con pollo todos los día, yo, en cambio, podía quitarle los malditos 50 cent. a mi madre para completar el dolar y me diese para esos lujos.
Ahora que miro atrás me doy cuenta de que nunca debí salir de ese paraíso; éramos pobres, sí; pero teníamos el compañerismo que teníamos. Volví a ese pueblo, todos habían cambiado(¿o era yo?), muchos no estaban. En la calle encontré a varios, ni los saludé ni me saludaron, solo Loyola, Campuzano y Luchitanga.

Pobre, pobre... no sé por qué me viene esa palabra a la cabeza, si la verdad es que no todos lo eran, lo digo lo eran porque yo sí tenía el plato de arroz trez veces al día. Tampoco es que fueran excesivamente pobres, pero la palabra me come la cabeza desde dentro.
Cómo nos quedaban las manos después de la bendición del <>, qué fue de aquella regla gruesa con la que nos golpeaba el profesor; nos ardían, sentíamos que la sangre se no iba a salir por cada poro de la palma de la mano. Los del director eran dobles, eran en casos especiales; si andábamos con el uniforme de la escuela hasta tarde en la calle, sabíamos que arriesgábamo los reglazos.

Volvería a ese paraíso, pero no sé si sigo siendo el mismo chabal que salía a pescar con sus amigos y se apostaba 25 centabos en cualquier partidillo de voleyball que armaba con sus amigos.

Volvería a darle a la pelota de trapo y escupir en la tierra para que no se levante el polvo.

martes, 4 de septiembre de 2007

Algo.

Y por qué no,
beber una copa de olvido,
gritar y escuchar el eco.
Deshacerme del sol
y robarle la luna al cielo.

Establecerme en un mar
y obligarme a no volar,
a pescar cualquier vicio
que me ayude a morir en paz.

Hacerle una iglesia a la soledad
y suicidarme con ella;
cantar bajo mi luna
y matar el tiempo con alguna.

Escribir un testamen para la pobreza.

domingo, 26 de agosto de 2007

Duele.(nada que ver)

Otro día arrancando cachos al tiempo,
aburriendome con los mismos cuentos,
mirando al cielo por si cae la felicidad,
gritando y orando por mi soledad.

Pensando en el amor como un arma.
Y sin saber el por qué de su odio.
Ilusionandome,igual me ama.
Y contando las gotas del silencio.

Decir adiós, no vale:
un beso mal pagado, tampoco.
En un bosque un árbol solo
grita, llora y escupe reproches.

lunes, 13 de agosto de 2007

Seguridad para morir

Miro el reloj
y alzo la vista pal cielo,
descubro al sol,
miedoso entre dos nubes.
Y pido perdón.

Olvido la última palabra
del último libro
que recuerda lo mala
que los años te han hecho.
Pero no pido perdón.

Me gusta tu boca
y no tu cama:
me gusta tu alma
y también tus palabras.

Aún en invierno,
me gusta tu figura,
tu pelo ondeando al son del cierzo;
y tu piel muda.

Que en su silencio me da un mundo.
Y escribe mi nombre en sus sueños.
Y me regala sonrisas sin dueño.
Y me agarra cuando me undo.

Cuando hago de mí al olvido,
Y navengo en un caudaloso río
de lágrimas, dudas y preguntas.